¿Cómo predicar a los no creyentes?

¿Alguna vez te has topado con algún ateo? ¿O alguna persona que no esté de acuerdo con tus valores religiosos? Sabrás entonces que es bastante incomodo hablar con ellos acerca de nuestro Señor y de su palabra, así que ¿cómo predicar a los no creyentes?

A veces preferimos no predicar o simplemente nos quedamos callados, esto hizo que me preguntará ¿a quién le predicamos realmente? ¿al que nos quiere escuchar o a los que deben escucharnos? ¿a los que tienen tiempo y voluntad para nosotros o a quienes nos necesitan?

Predicar a los creyentes
Tardé un poco en darme cuenta de mi error. No debemos predicar a nadie, debemos predicarle a todos; llevar la palabra de Dios a todo Su pueblo fue la misión que se nos encomendó y todos somos su pueblo, no sólo esa sección que se llama así misma cristiana.

Como sus hijos, todos necesitamos escuchar su mensaje, porque lo necesitamos a él. Pero, aún llegado a esa conclusión, la pregunta seguía insistentemente ¿cómo predicar a los no creyentes? En especial a esos que son cercanos a nosotros y cuya relación podría ser afectada por una diferencia de opinión.

Tres formas de predicar a los no creyentes:

  1. Con respeto: Los cristianos siempre pedimos que se nos respete nuestra libertad de credo y nuestra forma de ser, pero, al momento de predicar a los no creyentes, ¿respetamos lo mismo en ellos? Nuestro mensaje debe ser claro y debe estar inspirada en el Señor, pero también debe ser sensible, respetuoso y cuidadoso con el corazón de nuestros hermanos que no compartan nuestras creencias para evitar ofenderlos. Cuando te preguntes cómo predicar a los no creyentes, respóndete que, con amor en Dios, y piensa cómo lo haría él.
  2. Sin condenar: Somos esclavos de nuestras decisiones, y éstas se toman basadas en lo que creemos, pero, si al momento de predicar a los no creyentes, no están de acuerdo con aquello que decimos, no debemos condenarlos ni maldecirlos ni nada. Así sólo los alejaremos y les daremos a entender un mensaje erróneo acerca de nuestra iglesia.
  3. Con paciencia: ¿Cuántas veces nuestros padres nos dicen que no hagamos algo e igual lo hacemos? Si no responden al llamado del Señor a la primera no debemos rendirnos. Con respeto y paciencia podemos insistir.

¿Y si ninguna de estas formas funciona? Siempre hay una que nunca falla: con el ejemplo. Mostrémosles lo que es ser un cristiano, cómo es nuestra vida y cómo Dios la bendice a diario. Pero, sobre cualquier cosa, olvídate de predicar a los no creyentes o a los creyentes, ¡predica a todo el mundo!